Puestos los ojos en Jesús (Hebreos 12:1-3)

Artículo escrito por: Marcos Robinson

Había una vez un líder cristiano, que por años luchó con un vicio, era terrible y causaba desastres frecuentemente. Su vicio era el enojo, impaciencia, exigencia y perfeccionismo. Sabía que estaba mal, pero como desde niño se había criado así, no hallaba como dejar los viejos hábitos. Luchaba, a veces con algo de éxito, y otras veces con fracaso total. Recibió consejería, pero le ayudó poco.

Trabajaba con gente en cierto barrio marginado, lleno de drogas, crimines y maldad. Allí vio a Dios hacer milagros en las vidas de muchas personas. Era un trabajo soberano de Dios. No había otra explicación por los cambios en las vidas fuera de la mano de Dios, rescatando las almas del vicio de las drogas. Uno de sus discípulos dejó las drogas, y comenzó a crecer con gran entusiasmo. Trabajaron juntos, y vieron fruto. Pero siempre el líder cristiano luchaba con su propio vicio del enojo y la impaciencia. Un día miró a su discípulo y dijo, si Dios puede rescatar a este hombre de las garras de las drogas, porque no a mi de mi propio carácter. Allí comenzó una secuencia de eventos que le está ayudando a vencer su vicio. ¿Cómo sé? Este líder soy yo.

Ver el testimonio de alguien es importantísimo para todos. Debemos dejar espacios en nuestros servicios para oír como Dios está trabajando en las vidas de las personas. Dejar a alguien pararse a contar las bendiciones de Dios es poderoso para los demás creyentes. Ilustra de manera concreta el poder y los planes de Dios. Un testimonio real complementa el trabajo pastoral, porque es un sermón de la vida cotidiana. ¿En su iglesia existen estos momentos de testimonio público?

Hebreos 12:1 habla de una gran nube de testigos cuando dice:

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante.”

Los testigos mencionados aquí son los héroes de la fe mencionados en el capítulo 11, hombres como Noé, Abraham y Moisés. Habla de hombres como nosotros, cuyas vidas de fe, dan testimonio de la victoria que uno puede experimentar cuando pone su mirada en Dios y cree en sus promesas. Hoy, muchos preguntan: ¿Es posible tener victoria en su vida cristiana, o es solo algo reservado para los más espirituales? En su mente responden que “sí,” pero sospechan que para ellos la respuesta es “no”. Este versículo me dice: HAY VICTORIA–y aquí están las pruebas en las vidas de estos hombres que vivieron por fe.

 

Despojándonos de todo peso y pecado.

¿Pero… como lograr esta victoria?  El resto de Hebreos 12:1 nos exhorta a despojarnos de todo peso y pecado que nos asedia y correr con paciencia la carrera que Dios nos ha puesto. Si fuéramos a competir en una carrera de 100 metros, ¿llegaríamos con nuestras botas de trabajo y un machete? ¡Claro que no!  Usaríamos la ropa más liviana para no estorbar la carrera. Este versículo llama a cada uno de nosotros a examinarnos y ver cuales son los estorbos en nuestra vida, que bloquean la victoria. 

Veo tres pasos para despojarse de los estorbos en su vida:  1. Hay que reconocer lo que está mal.  2. Hay que arrepentirnos.  3. Hay que confesar a Dios nuestras fallas. Al confesar, es preciso aceptar el perdón de Dios y seguir adelante.

Puestos los ojos en Jesús.

Y después ¿qué? Los versículos 2 y 3 nos dan la respuesta:

puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios. Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.”

La meta es ser como Cristo. Algún día seremos conforme a su imagen según 1 Juan 3:1-2 pero ¿qué hacer ahora? Poner los ojos en Jesús es mirar su vida, observarla, estudiarla, imitarla. Obviamente la Biblia es el proyector para ver el video de la vida de Cristo. ¡Estudiémosla!  ¡Meditemos en ella! Practiquemos la presencia de Cristo. Aunque es invisible, él está a nuestro lado en cada momento, especialmente cuando las cosas se ponen difíciles. ¿Ha tratado alguna vez de imaginar a Jesús en su mente? ¿Le ha visto cuando llamó a sus discípulos, o sanó al paralítico, reprendió a los fariseos, o lloró frente a la tumba de Lázaro? Hemos leído los evangelios, ahora veámoslos en nuestra imaginación. 

Pero hay otro video que debemos ver. Es el video titulado ¿Qué haría Jesús en mis circunstancias? Imagine a Jesús a su lado hoy, acompañándole en su vida diaria. ¿Cómo respondería a las irritaciones que tiene con su cónyuge? ¿Cómo actuaría con su hijo que no lo respeta? ¿Cuáles programas vería en la televisión? ¿Qué música escucharía? ¿Iría con estas personas que le están invitando a usted salir? etc.   ¿Ya tiene la idea? Sí tiene sus ojos puestos en Jesús, no saldrá del camino recto.

Seamos fieles siguiendo estos pasos para vencer nuestros vicios.

Fuente: Obrero Fiel

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