¿Por qué Jesús murió en la cruz?

Alguna vez te has preguntado por qué Jesús, el Hijo de Dios, tuvo que morir crucificado? ¿Por qué no pudo morir de alguna otra causa menos dolorosa? ¿Por qué no pudo morir de vejez?

Lo cierto es que en el mundo se tiende a dar por hecho esta situación, pero no se reflexiona sobre ello. Vemos los tradicionales filmes de “semana santa” con mucha emotividad, observando cómo Jesús sufre tormentos en manos de hombres pecadores hasta llegar a la muerte en la cruz.El mundo sabe más menos lo que sufrió Cristo, o sea, se conoce el “como” de su sacrificio, pero hay un gran desconocimiento en cuanto a lo más importante: el “porqué” de su sacrificio, esto es, su propósito.

Ante esto, la Palabra de Dios nos dice que era necesario que Jesús hiciese todo lo que hizo:

“Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día.” (Lucas 24:7)

Pero… ¿Por qué era tan necesario?

Ante la interrogante del por qué Cristo murió en la cruz, surgen por lo menos cuatro tipos de respuestas:

a) Para darnos un ejemplo de entrega por amor a la humanidad.
b) Para poder resucitar y demostrar que tiene poder sobre la muerte.
c) Para que él y su mensaje tuvieran trascendencia a través de los tiempos.
d) Para pagar la condena que Dios dictó sobre la humanidad.

Si bien más de una de las respuestas tienen algún grado de certeza, sólo una responde satisfactoriamente la pregunta.

Pensemos bien: ¿Por qué Dios Padre tuvo que tomarse la molestia de enviar a su Hijo a este mundo a sufrir y a morir en una cruz?

Sin duda tuvo que tener un motivo muy poderoso, pues ningún padre sería capaz de enviar a su hijo a sacrificarse porque sí. Tuvo que ser una situación urgente, apremiante, en donde no había otra salida.

Bien, analicemos las respuestas:

a) Para darnos un ejemplo de entrega por amor a la humanidad

¿Sería este el motivo tan urgente por el cual el Dios de la gloria tuvo que abandonar su trono y tomar forma humana para morir en la cruz? No lo creo.

Así y todo, Jesús siempre fue un ejemplo de entrega y de amor hacia la humanidad, pues durante todos sus días se preocupó de sanar a los enfermos, ayudar a los necesitados, etc. ¿Tendría que morir en la cruz para demostrar un buen ejemplo? No era necesario. Jesús pudo morir de viejo e igual hubiese sido reconocido como todo un ejemplo en entrega, así como muchos hombres y mujeres que son recordados por su gran trabajo social.

b) Para poder resucitar y demostrar que tiene poder sobre la muerte

Cristo no necesita demostrarle nada a nadie, sobre todo si él mismo resucitaba muertos.
¿Acaso Dios estaba tan urgentemente necesitado de que los hombres le creyeran que él podía resucitar? Esto nunca ha sido así.

c) Para que él y su mensaje tuvieran trascendencia a través de los tiempos.

Algunos creen que Jesús tuvo que sacrificarse en la cruz para ser recordado a través de la historia, al mismo nivel que otros hombres que al ser martirizados han impactado profundamente a las generaciones que vinieron después de ellos.

Sin embargo, Jesús no era un simple hombre; era el Hijo de Dios, el Dios encarnado, por lo cual no necesitaba morir trágicamente para ser recordado como otros hombres mortales, pues Cristo aún vive e incluso antes que Abraham fuese, él era (Juan 8:58).

¿Acaso el mundo entero hubiese olvidado a Dios si Jesús no hubiera muerto? Claro que no, su palabra nunca pasará (Marcos 13:31).

d) Para pagar la condena que Dios dictó sobre la humanidad

Sí, esta es la respuesta correcta.
Jesús murió en la cruz para pagar la condena que Dios dictó sobre la humanidad.

¿Pagar la condena? ¿Qué condena? ¿Dios dictó una condena? ¿Sobre la humanidad? O sea, ¿Hay una condena sobre nosotros?

Preguntas como estas deberían surgir de inmediato, si es que en alguna manera nos importa nuestra alma y la vida eterna.

Vamos a explicar la situación:

Hay una condena sobre la humanidad

Por causa del pecado, el mundo está condenado y bajo el maligno:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23)

“Sabemos que somos de Dios [cristianos], y el mundo entero está bajo el maligno.” (1 Juan 5:19)

La sentencia de la condena es la muerte:

“Porque la paga del pecado es muerte…” (Romanos 6:23)

Por lo tanto: Hay una condena por causa del pecado cuyo pago es la muerte. Como todos hemos pecado, toda la humanidad esta condenada a sufrir eternamente en la muerte segunda: el lago de fuego. O sea, ¡ninguno puede entrar al cielo!

Pero como Dios es misericordioso, nos proveyó de un modo por el cual pudiésemos ser salvos de la condenación eterna. Y nos dio un salvador, y ese es Jesucristo.

Necesitamos un salvador que nos quite esta condena

Sólo Jesucristo nos pudo salvar:

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mateo 1:21)

Sí, Jesús (“Salvador”) fue enviado para salvarnos de nuestros pecados que nos estaban condenando.

¿Cómo nos salva?

Para salvarnos, él mismo tuvo que pagar nuestra condena, esto es la muerte. No se podía deshacer esta condena; alguien debía pagarla. Jesús nos amó tanto que él mismo puso su vida por nosotros. ¡Él pagó nuestra cuenta!

¿Y por qué no pudo morir de esa forma? ¿Por qué tuvo que derramar su sangre?

Jesús no pudo dar su vida de otra forma sin derramar su sangre. Esto es porque la sangre de Cristo tiene el poder de purificar y de limpiar los pecados de todos aquellos que se acerquen a él:

“Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión [perdón].” (Hebreos 9:22)

“pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7)

Si Jesús no hubiese derramado su sangre, si yo me arrepiento de mis pecados, no tendría perdón, porque para eso se necesita la sangre.

Por lo tanto, si aceptamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador, ya fuimos limpios y libres del pecado y de la muerte:

“Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna. Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:22-23)

¿Y tú? ¿Ya fuiste limpio de tus pecados?

La pregunta obvia es: ¿Eres limpio de tus pecados por la sangre de Cristo? ¿Aceptaste a Cristo como tu Señor y Salvador?

Esto es muy importante, pues si no eres limpio de tus pecados, no podrás entrar en el reino de los cielos.

Así que decídete, la sangre de Cristo aún está fluyendo limpiando de todo pecado, haciendo que todas las almas que le reciben sean purificadas y aptas para entrar en su reino.

No hay otra forma. Si yo tengo muchas buenas obras y no he recibido a Cristo, mis obras no me salvarán, pues aún no he sido limpio de mis pecados.

¿Quieres recibir a Jesús como tu Señor y Salvador?

¿Quieres que su castigo de muerte por tus pecados quede saldado con el sacrificio de Cristo en la cruz? ¿Estás dispuesto a servirle? ¿Crees que Dios le levantó de los muertos y ha resucitado, todo esto por amor a ti?

Si es así y si lo haz creído en tú corazón, ahora te invito a que lo confieses haciendo una pequeña oración como esta, en donde quiera que te encuentres (no tiene que ser necesariamente textual):

Dios, he leído tu palabra y reconozco que soy un pecador(a). Te pido que perdones todos mis pecados, creo que Jesucristo murió y resucitó para limpiar mis pecados con su preciosa sangre y darme vida eterna. Estoy dispuesto a dejar mis pecados, te invito para que vengas a mi corazón y me transformes para vivir para ti. Señor Jesús, te recibo como mi único Señor y Salvador personal.
Gracias por recibirme como tu hijo(a), gracias por darme vida eterna desde este momento, en el nombre del Señor Jesús, Amén.

Si hiciste esto, pues ¡Ya eres salvo! La sangre de Jesús ha actuado por la fe para limpiarte de todos tus pecados, y con ello, has iniciado una nueva vida. ¡Nunca mires atrás y sigue adelante!

Dale gracias a Dios por su gran misericordia, pues nos ha limpiado de todos nuestros pecados que nos condenaban y ha pagado toda nuestra deuda… ¡Gracias!

¡Dios te bendiga!

Fuente: http://vicabrera.blogspot.com

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3 thoughts on “¿Por qué Jesús murió en la cruz?

  1. Pregunta

    Porque nuestro Padre Jehova condeno a su creacion que somos nosotros, por lo que estimo que era mas facil nos eliminara de la faz de la tierra a todo ser humano y evitar asi la muerte de un inocente ero debo decir que quien sufrio mas fue nuestro Creador Jave porque vio lo que le hicieron a su verdadero hijo que es chuyito

    Por eso debemos ya de entender de una vez por todas que nosotros somos la creacion de nuestro padre Jave y su verdadero hijo es Chuyitoquien tambien es mi Señor Dios

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  2. ¿Murió Jesús en una cruz?
    LA MAYORÍA de las personas aceptan la cruz como el “símbolo de la religión cristiana” (Enciclopedia Hispánica). De hecho, en un sinnúmero de cuadros religiosos y obras de arte, Jesús aparece clavado en ella. ¿Por qué está tan difundido este símbolo en toda la cristiandad? ¿De verdad murió Cristo en una cruz?
    Para contestar esta última pregunta, muchas personas acudirían a su Biblia. Por ejemplo, según la Nácar-Colunga, cuando Cristo fue ejecutado, algunos de los presentes se burlaban de él y le hacían este desafío: “Baja de esa cruz” (Mateo 27:40, 42). Un buen número de versiones bíblicas ofrecen lecturas similares. Asimismo, la Traducción en lenguaje actual dice que, a Simón de Cirene, “los soldados lo obligaron a cargar la cruz de Jesús” (Marcos 15:21). En estos versículos, el término “cruz” traduce el griego staurós. ¿Tiene base sólida esa traducción? ¿Refleja bien el significado de la palabra original?
    ¿Era realmente una cruz?
    Según el helenista William E. Vine, el término staurós “denota, primariamente, un palo o estaca derecha. Se clavaba en ellas a los malhechores para ejecutarlos. Tanto el nombre como el verbo stauroo, fijar sobre un palo o estaca, debieran distinguirse originalmente de la forma eclesiástica de una cruz de dos brazos” (Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo).
    De igual modo, el libro La muerte del Mesías, de Raymond E. Brown, hace esta precisión: “El término ‘cruz’ condiciona nuestro concepto de ella, porque proporciona la idea de dos líneas que se cortan. Pero ni la voz griega stauros ni la latina crux [de la que se deriva la española cruz] tienen necesariamente ese significado; ambas se refieren a una estaca o poste al que una persona podía ser fijada de varios modos: empalándola, colgándola, clavándola o atándola”. En la misma línea, El Evangelio según Lucas, de Joseph A. Fitzmyer, puntualiza: “En ámbitos cristianos suele traducirse la palabra griega stauros por ‘cruz’, aunque en realidad el significado primario es ‘poste’”.
    Hay que destacar que los escritores de la Biblia usaron además otro sinónimo griego para referirse al instrumento donde fue ejecutado Jesús: xýlon. En una nota incorporada a la obra Historia universal de la Iglesia Católica, de René F. Rohrbacher, se explica que tanto este término como su equivalente hebreo “no significan propiamente lo que nosotros entendemos por cruz, sino un simple madero”.
    En armonía con la anterior explicación, debemos observar la lectura que ofrece la Reina-Valera de 1960 en Hechos 5:30: “El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, a quien vosotros matasteis colgándole en un madero [xýlon]”. Otras versiones, a pesar de verter staurós como “cruz”, también usan “madero” para xýlon. Por ejemplo, en Hechos 13:29, la Biblia Traducción Interconfesional dice acerca de Jesús: “Cuando llevaron a cabo todo lo que estaba escrito sobre él, lo bajaron del madero [xýlon] y lo depositaron en un sepulcro”. La versión de Guillermo Jünemann usa “leño” en todos los casos donde aparece dicho vocablo griego.
    Un diccionario llega a esta conclusión sobre el significado fundamental de staurós y xýlon: “Ninguno de estos dos términos concuerda con la idea que tenemos actualmente de una cruz y con la cual nos hemos familiarizado a través de las ilustraciones” (A Critical Lexicon and Concordance to the English and Greek New Testament). En otras palabras, el instrumento de ejecución al que se refirieron los escritores de los Evangelios con el término staurós no corresponde a lo que hoy llamamos “cruz”. Por este motivo, la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras usa “madero de tormento” en Mateo 27:40-42 y en otros pasajes donde aparece staurós. Y no es la única. En estos casos, la revisión de Russell Martin Stendal utiliza “madero”, con la siguiente indicación: “Poste o estaca sobre la cual fue colgado Jesús” (Las Sagradas Escrituras. Versión Antigua). Transmiten la misma idea la Versión Israelita Nazarena (que usa “madero”), la de Diego Ascunce (“estaca” y “estaca de ejecución”) y la versión denominada Pacto Mesiánico (“estaca” y “estaca [de martirio]”).
    Origen de la cruz
    Si la Biblia no indica en realidad que Jesús fue ejecutado en una cruz, ¿por qué la usan para adornar sus templos y simbolizar su fe las iglesias católicas, protestantes y ortodoxas, que afirman guiarse por la Biblia? ¿Cómo adquirió tanta popularidad este símbolo?
    La respuesta es que la cruz no solo es venerada por los fieles de dichas confesiones, sino también por devotos que no tienen nada que ver con la cristiandad y cuyas religiones son, de hecho, muy anteriores. Multitud de obras de consulta reconocen que el empleo de cruces de diversas formas se remonta a períodos antiquísimos de la civilización. Por ejemplo, en los jeroglíficos egipcios, las divinidades aparecen con una cruz en forma de T que lleva en su parte superior un asa (en latín ansa, por lo que se denomina “cruz ansada”). Con los siglos, esta clase de cruz, que originalmente era un símbolo de la vida, fue adoptada y utilizada ampliamente por la Iglesia Copta, entre otras.
    La Gran Enciclopedia Larousse incluye este comentario sobre la cruz: “Una de las formas más primitivas es la cruz gamada [con los cuatro brazos en forma de letra gamma mayúscula] o esvástica”, designación de origen sánscrito por la que la conocen muchos orientalistas y estudiosos de la arqueología prehistórica. El signo era ampliamente utilizado en la India por los hindúes y en toda Asia por los budistas, y aún aparece en estas regiones en muchas decoraciones y adornos.
    Aunque nadie sabe con exactitud en qué momento la cristiandad asumió la cruz como símbolo propio, el citado diccionario de Vine señala: “A mediados del siglo 3 d.C., las iglesias se habían apartado de ciertas doctrinas de la fe cristiana, o las habían pervertido. Con el fin de aumentar el prestigio del sistema eclesiástico apóstata, se recibió a los paganos en las iglesias aparte de la regeneración por la fe, y se les permitió mantener en gran parte sus signos y símbolos. De ahí que se adoptara [...] la cruz”.
    Hay escritores que apuntan a un suceso del año 312 de nuestra era. Cuentan que el emperador Constantino, quien adoraba al Sol, afirmó haber tenido una visión durante una de sus campañas militares en la que contempló una cruz sobre el astro rey junto con las palabras en latín In hoc vince, que quieren decir “Con esto vence”. Más adelante, los estandartes, los escudos y las armaduras de su ejército exhibieron un signo “cristiano” (representado a la izquierda). Según los relatos, Constantino se hizo cristiano, aunque no recibió el bautismo sino hasta veinticinco años después, en su lecho de muerte. Y algunos estudiosos ponen en duda sus motivos. Por ejemplo, cierta obra señala: “Con su conducta dio a entender que su principal interés no era tanto abrazar las enseñanzas de Jesús de Nazaret, como convertir el cristianismo en una religión católica [o universal] que resultara fácil de aceptar para sus súbditos” (The Non-Christian Cross).
    Desde entonces se han utilizado cruces de todo tipo. Entre otras, el Nuevo Diccionario Bíblico Certeza menciona la llamada “cruz de san Antonio”, con “la forma de una T mayúscula, que algunos creen derivada del símbolo del dios [babilonio] Tamuz”, a saber, la letra tau. Este diccionario también se refiere a la cruz de San Andrés, con forma de letra X, y a la familiar cruz de dos barras, con la horizontal más baja. Sobre esta última, conocida como latina, añade: “Sostiene la tradición [que] fue la cruz en la que murió nuestro Señor”. Como hemos visto, esa tradición no tiene fundamento.
    ¿Qué creían los cristianos del siglo primero?
    La Biblia muestra que en el siglo primero hubo muchas personas que escucharon lo que Cristo enseñaba, creyeron en él y aceptaron el valor redentor de su muerte. Años después, cuando Pablo predicó a los judíos en Corinto, les demostró que Jesús era el Mesías. Como consecuencia, “Crispo, el presidente de la sinagoga, se hizo creyente en el Señor, y también toda su casa. Y muchos de los corintios que oyeron empezaron a creer y a bautizarse” (Hechos 18:5-8). Lejos de recomendarles que usaran algún nuevo símbolo o imagen en el culto, el apóstol les hizo esta exhortación: “Huyan de la idolatría” (1 Corintios 10:14). Lógicamente, esto incluía toda práctica de origen pagano.
    Ningún historiador ni investigador ha encontrado pruebas sólidas de que los primeros cristianos usaran la cruz. Además, es interesante este otro punto que destacó un escritor de finales del siglo XVII (según se cita en la obra History of the Cross): “Cuando el bienaventurado Jesús ve a sus discípulos expresando orgullo por la imagen del [supuesto] instrumento de ejecución donde, despreciando la vergüenza, padeció el sufrimiento pese a ser inocente, ¿será posible que se sienta complacido?”. ¿Qué opina usted?
    La adoración que Dios acepta no necesita de imágenes ni de ningún otro objeto. De hecho, Pablo preguntó: “¿Y qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos?” (2 Corintios 6:14-16). No hay un solo pasaje en las Escrituras que siquiera dé a entender que los cristianos deban utilizar en el culto una representación del instrumento de tortura donde murió Jesús (compárese con Mateo 15:3 y Marcos 7:13).
    Entonces, ¿cuál es la señal que identifica a los cristianos verdaderos? No es ni la cruz ni ningún otro símbolo: es el amor. El propio Cristo así lo indicó al decirles a sus seguidores: “Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado, que ustedes también se amen los unos a los otros. En esto todos conocerán que ustedes son mis discípulos, si tienen amor entre sí” (Juan 13:34, 35).

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