Acelera que voy rápido!!

La revelación progresiva de Dios nos ha mostrado sus diferentes sentimientos, indicándonos con esto su naturaleza personal. En el Antiguo Testamento  nos habla del Dios que, “..  vio la maldad de los hombres que era mucha en la tierra.. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (Gen.6:5,6). Aquí encontramos el pesar de Dios.

En el Nuevo Testamento conocemos a un Dios que llora por la muerte de un amigo y cuando esta frente a la amada ciudad de Jerusalén (Jn.11:33,35;Luc.12:41). Eso nos muestra la compasión de Dios. Pero también el Nuevo Testamento nos revelo al Espíritu Santo que se  entristece frente a los pecados de los hombres (Ef.4:30). Este sentimiento nos muestra  la sensibilidad de Dios. La tristeza no solo es humana, también es divina. La tristeza del Espíritu es algo que debe producir quebrantamiento en nuestro espíritu.  Nuestros pecados llevaron  a Cristo a la cruz; cuando creemos en El, los mismos son perdonados. Pero en la vida cotidiana debemos lidiar con ellos,  porque de lo contrario estaremos trayendo tristeza sobre tristeza al Espíritu de gracia que nos ha sido dado. El creyente puede cometer el pecado de entristecer al Espíritu y eso acarrea una gran perdida de poder espiritual.EL ESPÍRITU SE ENTRISTECE CUANDO SE LE DA LUGAR AL DIABLO      v. 27.

 

Nosotros afirmamos de una manera categórica que ningún cristiano puede ser poseído por demonios. Ellos no tienen la potestad  de tomar nuestros cuerpos y hacer morada como lo puede hacer con alguien que no tiene “defensas internas”. Tendrían que someter al “hombre fuerte” que esta en nosotros para que esto ocurriera. !Eso es imposible! Pero el creyente si puede, por su propia negligencia, ceder terreno al “león rugiente que anda tratando de devorar”.El apóstol Pedro,  quien escribe esta figura de Satanás como “león”,  tuvo esa amarga experiencia por confiar mas en si mismo y seguir de lejos al Señor. La verdad es que el creyente que le da la bienvenida a este enemigo de Dios, tiene que producir tristeza al Espíritu de amor que vive en  el. “Ni deis lugar al diablo” es una oración que e está condicionada a mi propia decisión. Satanás no tiene mas poder en mi vida que el que el que yo le pueda dar. El Espíritu Santo es a quien tengo que dejar que actué,  porque es a El a quien pertenecemos.

 


II. EL ESPÍRITU SE ENTRISTECE CUANDO HABLAMOS LO QUE NO EDIFICA v.29

 

Seria interesante hacer un estudio que nos indicara cual seria el promedio de la palabras que hablamos mientras no dormimos, (aunque algunos dicen que se habla mas dormido que  despierto). Por ejemplo, que porcentaje le daríamos a las palabras que usamos para elogiar a la familia(esposo, esposa, madre, padre  e hijos), cual seria el porcentaje que usamos con sabiduría, las que usamos  para hablar bien del prójimo y las que usamos para hablar bien de nosotros mismos. Como seria nuestro porcentaje en relación a las palabras que usamos para dirigirnos a Dios. Lo enaltecemos? Lo alabamos? Lo reconocemos? Lo adoramos?

Por otra parte, cual seria el porcentaje de palabras que usamos que no edifican, que no construyen, que no enaltecen. Nos sorprenderíamos si tuviéramos que colocar una cantidad a cada una de las palabras que hablamos. La primera recomendación de la Biblia,  es: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca..”. Santiago estaba pensando en la misma idea  cuando nos dice: “¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y   amarga?” Stg.3:11. El Espíritu se entristece cuando lo que sale de nuestra boca no es precisamente para edificar. Aquí valdría la pena recordar que de la “abundancia del corazón habla la boca”. Si estamos llenos de la Palabra de Cristo este será el resultado (Col.3:16,17).

 

III. EL ESPÍRITU SE ENTRISTECE CUANDO NO HABLAMOS LA VERDAD ENTRE         NOSOTROS v. 25.

 

La sociedad,  para quedar bien unos con otros,  ha configurado una serie de mentiras que van desde las llamadas “mentiras blancas” hasta las llamadas “mentiras piadosas”. Una de las mentiras camuflajadas son las llamadas “publicitarias”. !Cuantas cosas como cierta nos presenta una propaganda que nunca da el resultado esperado!  En nuestro diario andar parece que fuéramos presionados para decir mentiras. A este respecto la Biblia  nos dice: “Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo..”.  Ilustración: Se cuenta la historia de un pastor que vio a un grupo de niños que hablaban alrededor de un perrito que se había encontrado perdido. “Que hacéis,  muchachos?”, pregunto el ministro. “Diciendo mentiras”, contesto uno de los niños. “El que diga la mentira mas grande se queda con el  perro. “Cuando yo tenia vuestra edad”, respondió sorprendido el ministro, “nunca pensé en decir una mentira”. Los niños se miraron unos a otros unos cabizbajos. Finalmente, uno de ellos logro componerse y con valor dijo: “Creo que el pastor se ha ganado el premio” (503 Ilustraciones, Pág. 114).  Lo anterior puede ser cierto y chistoso, pero  el Espíritu Santo se entristece y se ofende cuando mentimos porque el sabe que cuando metimos  nos hacemos aliados de Satanás y el es “padre de mentira porque miente desde el principio”. Lo contrario a la mentira es que hablemos “ verdad los unos con los otros”.

 

IV. EL ESPÍRITU SE ENTRISTECE CUANDO TOMAMOS LO QUE NOS PERTENECE         v. 28.

 


Los periódicos se saturan todos los días de noticias que corresponden a las acciones  vandálicas de personas que toman lo que no les corresponde, infelizmente llamados ladrones. Los que más se destacan son los llamados “ladrones de cuello sucio” porque a los que se les llama de “cuello blanco”,  han hecho del robo algo mas sofisticado y al parecer menos descubierto. La Biblia declara que lo contrario al robo es el trabajo laborioso que se hace con las manos. Es la satisfacción de poder cubrir para las necesidades de los suyos y los que padecen necesidad. “El que hurtaba no hurte mas” nos habla de una acción pasada. El creyente no debiera padecer según el apóstol Pedro como, “..homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno” ( 1Ped.4:15). Ceder a la tentación de tomar lo que no nos corresponde sea algo material o  emocional o   puede traer sufriendo al alma y esto entristece sobre manera al Espíritu. De igual manera quien en esto incurre se hace aliado de Satanás,  pues el también es un ladrón que ha robado desde el principio sobre la relación entre el hombre y Dios.

 

V. EL ESPÍRITU SE ENTRISTECE CUANDO DEJAMOS QUE EL CARÁCTER NOS                 CONDUZCA A PECAR v. 26, 31.

 

El carácter de Jesús nos revelo a un hombre manso, humilde y dócil en toda sus manifestaciones. Supimos de su enojo solamente cuando tuvo que enfrentar la injusticia, la hipocresía y sobre todo cuando convirtieron la Casa de Dios en “cueva de ladrones”. En ninguno de los enojos de Jesús se puso de manifiesto alguna “semilla de pecado”. El cumplió con muy  alta fidelidad las palabras del apóstol: “Airaos, pero no pequéis..”. El profeta Isaías dibujo su carácter al decirnos: “No gritara, ni alzara su voz, ni la hará oír en las calles” (Is.42:2). El enojo que se convierte en pecado ofende al Espíritu Santo porque el es Espíritu de amor, de paz, gozo, paciencia, bondad, mansedumbre y sobre todo de dominio propio. El cristiano que hace que “el  sol se ponga sobre (su) enojo” ha olvidado quien vive en su vida. Una rabia o un enojo incontrolado arruina con la paz del corazón y con las relaciones de afecto los unos con los otros. Sigamos el ejemplo de Jesús cuando dijo: “Aprended de mi,  que soy manso y humilde de corazón”. Estas cualidades deberían ser altamente buscadas. Moisés fue un hombre de un carácter incontrolado, capaz de matar aun egipcio antes de conducir al pueblo de Israel, pero luego llego a ser el hombre mas manso sobre la tierra. Uno de los “hijos del trueno”, llamado Juan fue  transformado en el apóstol del amor. El impetuoso Pedro, en un hombre “humillado bajo la poderosa mano de Dios” y que decir de Pablo, después de ser perseguidor se convirtió en un perseguido, que cambio la espada del soldado por la espada del Espíritu. El Espíritu Santo nos transforma para no cometer el pecado del enojo.

 

VI. EL ESPIRITU SE ENTRISTECE CUANDO NO PRACTICAMOS EL PERDON LOS          UNOS CON LOS NOSOTROS v. 32.

 


La medida de la aplicación del perdón a otros , es del tamaño de la aplicación del perdón de Dios en nosotros. “Así como Cristo os perdono” nos habla del mas caro sacrificio, del mas incomprensible amor así como de la mas sublime obediencia a Dios. “¿Cuantas veces perdonare a mi hermano que peque contra mi?” no es una pregunta que plantea un limite en nuestra actuación.  La respuesta de Jesús, “hasta setenta veces siete” será siempre nuestro punto de referencia para perdonar a otros. Con esto Jesús nos ilustro la importancia de practicar el perdón para descongestionar al corazón de todo vestigio de amargura, rencor, envidia y cualquier pecado parecido que interrumpa mi amor fraternal con mi hermano. Si no puedo perdonar a mi hermano que peque contra mi, no puedo pretender que la presencia del Espirita me infunda  su poder, gracia, llenura y fortaleza como siervo de Dios. El ejemplo de Jesús debe constituirse en obligada consulta, pues  estando colgado en  un viejo y tosco madero, con unos clavos gruesos y a lo mejor oxidados por el tiempo o  la lluvia sosteniendo su maltrecho y herido cuerpo, exclamo: “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”. La tristeza del Espíritu se pone de manifiesto en el corazón de alguien que llamándose cristiano no sea capaz de perdonar a su hermano que peque contra el. No entristezcamos mas al Espíritu de gracia.

 

La Biblia nos revela con una ternura  casi indescriptible los sentimientos de un Dios totalmente personal. Se nos habla de un Dios Padre que siente pesar por la desobediencia de sus hijos, de un Dios Hijo que se quebranta hasta el punto de llorar revelándonos su compasión pero también de un Dios Espíritu, capaz de entristecerse por nuestros pecados. Si usted pensara en el Espíritu Santo como su padre terrenal,¿como siente usted que El reaccionaria si cometiera una falta que ofendiera su honor y su dignidad?

Fuente: columbiabautistahispana.org

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Israel Valenzuela

El Pastor Israel Valenzuela Peña nació el 12 de agosto de 1976 en Santo Domingo, República Dominicana. Con una licenciatura en Publicidad en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y un máster en Administración de Empresas.