Cuando yo no le conocía, cuando él no estaba en mí, vivía una vida totalmente vacía, que trataba de llenar con vanidades y cosas que yo creí que me llenarían pero no lo conseguía.
Llegó un tiempo en que solo estaba encerrada en mi cuarto, allí imaginaba un mundo que todo lo que yo quería allí lo conseguía, yo hacía eso como un medio para escapar de la realidad que me rodeaba.
El enemigo (ese que conocemos como diablo o satanás) siempre me mantuvo engañada, entrando en mi mente que yo era como un papel de baño, el cual usaban, se limpiaban y desechaban, me hizo creer eso por ciertos acontecimientos que pasé.
En mi vida hubo intentos de violación que me marcaron, también la hipocresía, humillaciones y egoísmo de mí alrededor.
El sentimiento de haberme sentido rechazada y olvidada, provoco en mí hablarles a los demás con mentiras, ser hipócritas y egoísta, siempre estar mal humorada y alejarme del mundo por completo. Creí que de esa forma, haciendo eso y siendo así, lograría aceptación aunque sea en una parte de la sociedad. Lo único que logre fue que me tildaran de falsa, que lo que dijese nadie lo escuchara y el desaliento de mis padres.
Yo arrastraba una cruz muy pesada sobre mi espalda, cargos de conciencia tremendos y un dolor terrible por sentirme despreciada. El enemigo seguía entrando en mi mente que era una escoria de la humanidad, que no servía para nada, todo esto acrecentó en mí un deseo de atentar contra mi vida. Lo intenté varias veces, pero todos eso intentos fueron fallidos porque el Señor ese Dios que tanto amamos lo impidió.
Todas esas decepciones, todos esos desplantes por parte de las personas, todas esas humillaciones y el sentirme papel de baño, me llevaron a refugiarme en la comida, lo que provoco que engordara de manera exuberante (llegué a tener casi 300 libras de peso) y todo eso el enemigo lo usó para hacerme sentir la persona más desgraciada en el mundo.
En los intentos de violación el Señor siempre estuvo ahí y me libró, por lo cual le estoy eternamente agradecida.
Cuando yo me encontraba en el fango, en una vida rutinaria y sin salida, ni esperanza, ni salvación de mi depresión; llegó “Jesús”. Lo conocí de manera muy diferente a los demás, yo no tenía a alguien que hablara constantemente de quien era él y lo que hizo por mí. Había escuchado algo pero eso no me convencía solo despertó la curiosidad en mí de saber quién era ese señor y me motivé a buscar e investigar sobre él. El 9 de abril que fue un día antes de semana santa del año 2006, estaba encerrada en mi cuarto escuchando un CD de música cristiana que me regalo una amiga, y leyendo la biblia, ahí lo conocí, supe quien era, su amor por mí y en ese momento decidí entregarle mi vida.
Cuando lo conocí, encontré el refugio perfecto para esconderme del mundo, él llenó ese hueco enorme que tenía en mi corazón, quitó ese peso que traía cuesta.
Me amó sin juzgarme por mis actos, no me utilizó y desechó como papel de baño, más bien, fui y soy su princesa, fue el primero en conocer mi corazón, en sus brazos experimenté por primera vez lo que es realmente sentirse amada, y sentirse importante, el vio mi corazón y no mi apariencia. El se está desasiendo de todos mis complejos, se desiso de mis culpas, de mis temores, de mi dolor, de mi vergüenza, de mi aflicción. El llegó a mi vida como un súper héroe que me libró de las manos de la muerte.
Él llenó mi corazón por completo y me mostró quien realmente soy y lo hermosa que soy, me enseñó a valorarme, respetarme y quererme tal como soy, me está moldeando a su imagen y semejanza.
Él una vez en un campamento me dijo que me daría lo que más deseaba y en ese momento lo que más quería era rebajar. Después de eso fui rebajando periódicamente sin yo darme cuenta porque me acomplejaba y no me gustaba pesarme. En mayo del 2007 tenía 202 libras y en septiembre y octubre del mismo año rebajé súper rápido, sin dieta, ni ejercicio, y llegué a tener 177 libras de peso.
El hizo un milagro creativo en mí y no me cambio me hizo totalmente nueva, a tal modo y extremo que asta el nombre me cambio; yo me llamaba Angela del Carmen Díaz Inoa y ahora me llamo Angela del Carmen Díaz Jáquez. El cambio de un apellido cambio mi nombre por completo, muchos dicen que giraron 180 grados, yo ni siquiera giré solo nací de nuevo.
Ya no hay rastro de lo que era. Él me dijo que borro por completo mi pasado, que no tenía ya nada de qué avergonzarme y lo que allá hecho o dejé de hacer lo tiro al fondo del mar de lo cual ya no se acuerda y no tengo porque acordarme. Él me dijo que soy nueva criatura en Cristo y que nací de nuevo, y eso fue lo que realmente él hizo conmigo.
Ya no hay dolor, ni tristeza, ni tanto temor (algo que me enseñó que la valentía surge de una cobardía, lo que me enseñó que el que es valiente es porque vence sus miedo y se arriesga a pesar del temor), ya no hay impureza, desasosiego, rechazo, ya no está el papel de baño, y ya no hay opresión por tantas cosas vividas.
La que soy hoy no se compara a la que fui y no es igual a la que seré en Cristo Jesús.
Todavía soy barro en manos del alfarero, y me está moldeando a la imagen y semejanza de Cristo. Tengo la certeza de que cuando salgo a caminar por la calle no me ven a mi sino a Cristo que reina en mí, y proclaman con su boca ahí va la ungida de Dios.
Se que ser cristianos no es vivir sin problemas, sino que es cuando mas surgen los problemas, porque el enemigo esta inquieto por lo que podemos hacer y llegar a ser en manos de Dios, pero estoy feliz porque se que en este camino que decidí emprender el esta conmigo y en esos momentos de dificultad me lleva en sus brazos, por eso he puesto mi vista en Cristo que es mi fuente de vida y razón de existir.
A Él le debo lo que soy hoy y lo que seré mañana en sus manos, como dice su palabra en Filipenses 1:6 “El que comenzó la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” se que hasta su venida el seguirá haciendo de este barro una vasija que deslumbrara por tanta belleza en ella, gracias a su Alfarero.
Mi Dios es un Dios fiel, y se que cumplirá sus promesas y sé que llegaré a ser lo que el quiera que sea, el camino no es fácil pero el solo hecho de pensar que mi Dios está conmigo me da paz, tranquilidad y confianza. Como dijo una amiga la esperar en Dios no es mas que confiar en que el obrará y tener paciencia porque lo hará cuando crea que es mas conveniente para nosotros.
Dios les bendiga grandemente y que la gracia y presencia de Dios este siempre sobre ustedes…
L
es amo en el amor de cristo.
Atentamente:
Angela Díaz 😛



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