El planeta ha evitado, de momento, un futuro muy negro. Quien lo dude, que lea el siguiente relato de la NASA: «En el año 2065 dos tercios del ozono ha desaparecido, no sólo en los polos, sino en todo el mundo. El agujero de ozono descubierto en la Antártida por primera vez en la década de los 80 cuenta con un gemelo en el Polo Norte por lo que la radiación ultravioleta que cae en ciudades de latitudes medias como Washington es lo bastante fuerte como para provocar quemaduras de sol en apenas cinco minutos. Los efectos son dañinos no sólo en los humanos, sino también en las plantas y en los animales».



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