Hoy cumplo 50 años

Vengo a estampar aquí algunos recuerdos de mi trayecto. No para hacer un balance perfecto de mi vida, porque mi historia todavía se está escribiendo, sino para mirar de dónde vengo, quién he sido, quién soy y cuánto he cambiado.

Soy un hombre ordinario que nació en Santo Domingo, República Dominicana en el año 1976. He recorrido un camino que ni yo mismo habría podido diseñar. He recorrido un camino que ni yo mismo habría podido diseñar. El camino ha tenido de todo, y mucho de lo vivido terminó convirtiéndose en parte del hombre que hoy llega a los 50..

Hoy nadie puede asegurar con facilidad cuál es mi ideología política. No porque no tenga criterios, sino porque nunca me ha gustado que otro piense por mí. Puedo coincidir contigo hoy y discrepar mañana. Si descubro que estaba equivocado, reviso lo que pensaba. Algunos lo llamarán contradicción; yo muchas veces lo llamo crecimiento..

Antes de ser pastor ya se me conocía por una personalidad fuerte. Siempre he sido alegre, divertido, espontáneo y defensor de mis amigos. Ser amigo de mis amigos es una acción marmórea en mí: podrá cambiar mucho alrededor, pero hay cosas que forman parte de la piedra con la que fui hecho.

Pero también hay una frontera que siempre he tenido clara: cualquiera que intente destruir amistades, llevar discordia a la iglesia, fomentar el odio entre la gente o esparcir división y cizaña en el seno del cristianismo me encontrará de frente. Cuando alguien convierte la división en instrumento y la discordia en estrategia, conoce otra parte de mi carácter

Antes de ser pastor también me aferré a unas palabras del Dr. Joaquín Balaguer en La Tebaida Lírica: “Mis escritos y mis pensamientos molestarán a muchos; yo gozo molestando. Algunos borricos rebuznarán; yo gozo oyendo rebuznar.” Aquella expresión conectó con mi forma de ser. Nunca he querido construir mi pensamiento alrededor del aplauso de los demás.

A partir del 2011 apareció públicamente otra dimensión de mí: el pastor. Con el pastor se hizo más visible algo que siempre había estado en mí: una mente inquieta, capaz de cuestionar métodos, cambiar esquemas y abandonar lo que entiendo que ya no funciona. Soy impredecible.

He experimentado cambios bruscos en mi esquema mental y también en mi práctica. No me avergüenza decirlo. El Israel de hace veinte años no pensaba exactamente como el Israel de hoy. Hay convicciones fundamentales que permanecen, pero hay ideas que el tiempo, la experiencia, los golpes, la Biblia y Dios mismo han tenido que corregir.

Para muchos no existe un solo Israel, sino tres: el evangelista, el profeta y el pastor.

El evangelista quiere alcanzar al que está lejos.
El profeta confronta lo que entiende que debe ser confrontado.
El pastor termina preocupándose por la persona, incluso después de haberla confrontado.

Los tres pueden parecer distintos, pero en lo fundamental sigo siendo el mismo hombre.

Después de los 40 comenzó en mí una transformación que hoy, al llegar a los 50, puedo reconocer con mayor claridad. He aprendido que no todas las batallas merecen ser peleadas, que no toda opinión necesita una respuesta y que madurar no significa perder el carácter, sino aprender cuándo usarlo, dónde y por qué.

Sé ser amigo. Sé la clase social a la que pertenezco y conozco el lugar que ocupo dentro del mundo eclesiástico, pero nunca he querido vivir como alguien inaccesible. Sigo sintiéndome una persona normal.

Una vez alguien, de forma despectiva, me dijo: “En el púlpito usted es una champaña, pero cuando baja de ahí es una Fanta naranja. No sea tan accesible a la gente.”

Nunca olvidé aquellas palabras. No porque me hirieran, sino porque me hicieron pensar en la clase de hombre que quería seguir siendo.

Hoy, a mis 50 años, tengo una respuesta más clara: no quiero que el púlpito me haga olvidar el suelo que piso.

A los hombres se les conoce mejor cuando desaparecen la plataforma, el micrófono y los títulos. Ahí aparece el verdadero hombre. Así que, si en el púlpito parezco champaña y cuando bajo soy Fanta naranja, déjenme seguir siendo Fanta naranja.

Nunca he creído que para tener autoridad haya que volverse inaccesible. La grandeza que necesita distancia para sostenerse quizá no sea tan grande.

Me río mucho. Soy abierto, espontáneo y conversador. Me gusta la gente

Tengo múltiples intereses. Toco un poco de piano y guitarra —no tanto como para presumirlo—. Leo porque me gusta pensar, observar y aprender. Disfruto a Leonard Ravenhill, los cuentos de Juan Bosch y, aunque la Biblia siempre ocupa el primer lugar, también puedo sentarme a leer Las 48 leyes del poder. No necesito estar de acuerdo con todo lo que leo para aprender de ello.

Y hay algo más: no me gusta dormir. Siempre encuentro algo que pensar, algo que leer, alguien con quien hablar, una idea que desarrollar o un proyecto que comenzar.

He cometido errores. He confiado en personas que no debía y probablemente también he decepcionado a otros. Los años me han enseñado que uno no llega a los 50 solamente acumulando cumpleaños; llega acumulando cicatrices, nombres, despedidas, oportunidades, aprendizajes, recuerdos y gratitud.

A los 50 ya no tengo interés en presentar una versión perfecta de mí. porque ese joven de 20 años ya no existe.

Soy fuerte, pero sensible.
Puedo confrontar y también abrazar.
Puedo cambiar de método sin cambiar de esencia.
Puedo reírme mucho y tomarme muy en serio aquello en lo que creo.

Y si algo tengo claro al mirar hacia atrás es esto:

No llegué hasta aquí porque todo lo hice bien. Llegué hasta aquí por la gracia y la misericordia de Dios.

Aquel muchacho de La Ciénaga jamás habría podido imaginar todo lo que sus ojos llegarían a ver.

Hoy cumplo 50 años.

No siento que estoy llegando al final de algo, sino entrando en una etapa distinta: con menos necesidad de demostrar y más capacidad para discernir; con menos interés en impresionar y mucho más interés en dejar huellas que permanezcan.

Tengo historia, pero todavía tengo sueños.
Tengo cicatrices, pero todavía tengo fuerzas.
Tengo recuerdos, pero todavía tengo futuro.

A los 50 no quiero convertirme en otro hombre. Quiero seguir siendo el mismo, pero más maduro, más sabio y más útil en las manos de Dios.

Gracias, Dios, por estos primeros 50.

ESPERO TUS COMENTARIOS


Comentarios

10 respuestas a «Hoy cumplo 50 años»

  1. Avatar de Aby Hernandez-Dominguez
    Aby Hernandez-Dominguez

    De mucha bendición su reflexión Pastor Israel, ver la fidelidad, cuidado y dirección de Dios en cada etapa! Les amamos mucho a usted y a su hermosa familia! Muchas Felicidades!!! Un abrazo fraternal desde Tamaulipas, Mexico.

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    1. amen amen muchas gracias, nos vemos pronto

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  2. Avatar de Starling Castro
    Starling Castro

    Al leer sobre su vida mi querido pastor, solo me llegó el pasaje bíblico donde Natanael pregunta; De Nazaret podrá salir algo bueno?, a lo que Felipe le responde: ven y ve.

    Es evidente que ha salido algo bueno de la ciénega, Usted! es ese algo bueno que ha salido de la ciénega.

    Se que Dios se siente bien al meterlo como hijo. Tú padre Jehová Dios se agrada en ti.

    Creo que si Dios te dijera algo hoy te diría: vas muy bien hijo mío, me siento orgulloso de ti.

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    1. Amen amen, gracias muchas gracias

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  3. Excelente reflexión Pastor Israel. Gracias por compartirlo. Mis respetos y admiración. Que sean muchos años más para seguir disfrutando de su guía, enseñanzas y humor.

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    1. Amen yo lo creo, y vamos por mas

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  4. Avatar de Nora Elena Tijerina
    Nora Elena Tijerina

    DIOS LE SIGA BENDICIENDO PROFETA ISRAEL VALENZUELA, EN LO POR VENIR OTRO NIVEL, CON RESPETO LE ABRASO, LE ADMIRO, LE AMO EN EL AMOR EN CRISTO., LE BENDIGO A UD. Y SU FAMILIA GRACIAS, BENDECIDO CUMPLEAÑOS Y SIEMPRE♾️🙏🛐🫂💝💯

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    1. Amen , gracias por sus palabras

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  5. Avatar de Leiby Díaz | Acompaño a mujeres en el cáncer de
    Leiby Díaz | Acompaño a mujeres en el cáncer de

    simplemente hermoso. Feliz cumpleaños mi pastor.

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    1. Amen , muchas gracias por estar ahi en estos diaas, y por empujarnos a que si se puede

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