
El engaño no libera de responsabilidad; expone una falta de discernimiento. La serpiente representaba lo externo, mientras que la desobediencia representaba lo interno. Culpar a la serpiente fue más cómodo que admitir: “escuché una voz contraria a la que me formó”.
Desde entonces, el ser humano bautiza sus errores con lenguaje espiritual. Ya no fallamos, «somos atacados»; ya no decidimos mal, «estamos bajo prueba»; ya no desobedecemos, «estamos bajo proceso». Crear un diablo poderoso es más cómodo que admitir que actuamos sin la dirección de Dios.
Hay frases que destruyen más que los demonios. Una de ellas es: “Dios me está probando.” Usada incorrectamente se convierte en arma del orgullo espiritual. No fue Dios quien empujó a Eva a comer. No fue Dios quien empujó a Adán a callar. El hombre hizo lo que quiso y cuando le fue mal creó un culpable. La culpa convierte a Dios en villano y al hombre en víctima. La Biblia no presenta a Dios como arquitecto de desastres sino al hombre como administrador torpe de libertad. En sus deseos independientes no sabe usarla
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