La Palabra de DIos

…sino que de día y de noche meditarás en [la Palabra]… – Josué 1:8, AMP Cuando usted medita en las Escrituras, no sólo las lee; sino también las deposita en su corazón de una manera muy personal y las aplica a su propia situación. Por ejemplo, al leer acerca de la bendición de la prosperidad, usted no piensa: “Eso suena bien, pero jamás podría obtenerla”. Al contrario, la toma para sí mismo y declara: ¡Aleluya! Esa Palabra de Dios es para mí.

Él afirma que suplirá mis necesidades abundantemente conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús (Filipenses 4:19); por tanto, ¡estoy a la expectativa de que Él lo cumpla en mi situación! Si lee la Biblia como si fuera un libro de historia, decida cambiar; y empiece a verla como si Dios mismo le hablara de manera directa. Tome tiempo para meditar en ella, pensar en ella, y asimilarla. Tómela para sí de tal forma que se traslade de su mente hacia su corazón; de ese modo ésta cobrará vida y será poderosa en usted.

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