
Quien sale herido de un empleo, de un matrimonio o de cualquier relación, muchas veces no busca personas que le ayuden a sanar, sino aliados que validen su guerra.
Habla constantemente del lugar de donde salió, no para cerrar la herida, sino para encontrar oídos que confirmen su versión y personas dispuestas a pelear una batalla que ni siquiera les pertenece.
El problema es que una herida no sanada termina buscando compañía. Y cuando el resentimiento se disfraza de justicia, ser escuchado ya no es suficiente: busca que otros también se indignen, rechacen y peleen.
Hay personas que llevan heridas desde hace años y, en lugar de confrontarlas para sanar, buscan relaciones que las justifiquen.
Porque quien verdaderamente quiere sanar busca ayuda; quien solamente quiere tener razón, busca aliados. Y una herida acompañada sigue siendo una herida; simplemente dejó de estar sola.
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