NUESTRA RELACIÓN CON DIOS

DIOS Sobre todo, nuestra relación con Dios es la cosa más importante en la vida. Nada puede tomar el lugar de ser más importante que nuestra comunión con el Señor. La salvación nuestra es una parte fundamental de nuestra experiencia con Dios, sin embargo, la comunión con Dios: sea con el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, es la cosa que nos da vida y crecimiento en el aspecto espiritual. Sin la comunión constante con Dios: No hay nada. La salvación para nuestra alma, y el perdón de nuestros pecados, no es de librarnos del infierno, solo para seguir haciendo todo lo nuestro según nuestros propios antojos.

La salvación y la obra de la redención Cristo lo obró para restaurarnos a comunión con Dios. Hay personas que tienen la creencia equivocada que son salvos, pero realmente no tienen comunión íntima con Dios. Se cree que escaparon del infierno, para seguir haciendo sus propios planes, sin sujetarse a la voluntad de Dios. En otras palabras: se hace todo de acuerdo como ellos quieren hacer, sin saber, si esos planes van de acuerdo con lo que a Dios le agrada. La Palabra de Dios nos abre el entendimiento acerca de lo que Dios considera básico y fundamental bajo sus Dos Pactos. El Primer Pacto de la Ley,

nos dice en Deuteronomio 6:5: ‘Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.’

Este mandamiento estaba en el pensamiento divino desde las eternidades, y es eterno. Al venir Cristo Jesús, no anuló ese mandamiento, sino que El mismo cumplió toda la Ley de Dios. El se reafirmó mas claro, aunque en otras palabras: Era el mismo pensamiento eterno. Vemos en Juan 13:34-35: ‘Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.’ Ahora cuando amamos a Dios de todo corazón sobre todas las cosas, el amor será demostrado o manifestado también a nuestros hermanos en la Fe en Cristo. Aún la gente del mundo se dará cuenta si tenemos amor o no lo tenemos. Entonces, podemos ver que ese fruto indica si en verdad estamos en la luz de Cristo, y andando en la luz de su palabra, o que son puras mentiras en nuestra vida. Ese amor no se puede esconder, porque si lo tenemos, todos se darán cuenta, sin lugar a dudas. Ese amor no se limita a solo los del grupo religioso de uno, porque no es sectario. Según el pensamiento divino del Primer mandamiento, Cristo volvió a poner importancia, en el Segundo Pacto, del Nuevo Testamento.

Juan también es emfático en I de Juan 2:8-11: ‘Sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo, que es verdadero en él y en vosotros, porque las tinieblas van pasando, y la luz verdadera ya alumbra. El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas. El que ama a su hermano, permanece en la luz, y en él no hay tropiezo. Pero el que aborrece a su hermano está todavía en tinieblas, y anda en tinieblas, y no sabe a dónde va, porque las tinieblas le han cegado los ojos.’

En la iglesia primitiva fue ese amor los unos por los otros que causó a la gente pagana entregarse a Cristo al instante. Muchos soldados del Imperio Romano vieron ese amor tan sincero, que los cristianos al estar en el lugar para ser mártires, esos soldados como verdugos no pudieron resistir, sino que se pusieron al lado de los cristianos esperando su muerte. Aunque tuvieron que esperar hasta que viniera otro verdugo para llevar acabo la ejecución, la historia nos cuenta que murieron juntos con los cristianos por Cristo. Es que el amor se conoce y se siente en cualquier parte del mundo. Si usted tiene ese amor de Dios que ha llenado su corazón, debe gozarse porque todos no lo tienen.

Vemos en Efesios 3:17-19:‘Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.’ Sigue en el mismo libro, capítulo 5:1-2:‘Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.’ Por último en I de Pedro 4:8:‘Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.’

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