“No juzguéis que no seáis juzgados”? Interesante tienes que leerlo

Hermanos y amigos que el Dios verdadero (Padre, Hijo y Espíritu Santo) les bendiga a todos, Mateo 28:19; en esta oportunidad hablaremos con el tema: ¿Qué quiso decir el Señor con la frase: “No juzguéis para que no seáis juzgados”?, esperando les sea de gran ben­dición, edificación y enseñanza.

Bien, comenzamos diciendo que muchas personas cuando se les aconseja, se les corrige, se les amonesta, en vez de aceptar con agradecimiento la exhortación que se les dirige, por su bienestar, sea económico, emocional, familiar, espiritual, moral, laboral, lo que hacen es responder con la frase: “No juzguéis para que no seáis juzgados”; claro mal empleada, porque hoy en día, por no aceptar consejo y corrección hay mucha gente presa, arruinadas, enfermas, muertas y hasta en el infierno. Lucas 16:22.

Dios revela en las Sagradas Escrituras (en la Biblia) quienes están facultados para juzgar y porqué están facultados para hacerlo y cuándo deben hacerlo sin caer en pecado cuando lo hagan delante, porque Dios les ha otorgado esa autoridad de juzgar a los padres en los hogares, a los jueces en los tribunales, a la sociedad organizada, a los pastores en la iglesia, y a las personas en determinados casos y queremos presentarles algunos ejemplos y demostrar lo que hablamos con la realidad y la palabra de Dios. Proverbios 19:18; Romanos 13:1 al 5; Efesios 6:1 al 9; 2da. Timoteo 4:1 al 5.

En primer lugar, Dios da autoridad a las personas para juzgar entre lo bueno y lo malo, entre lo que sirve y lo que no sirve, para evaluar, aprobar o desaprobar y ponemos como ejemplo a los profesores con los alum­nos, a los empresarios con sus empleados, etc., por esto si un un alumno se quema en un examen no debe decirle al profesor: “No juzguéis para que no seáis juzgados”; igualmente un empleado que sea cancelado por irresponsabilidad luego de una y otra amonestación no debe decir: “No juzguéis para que no seáis juzgados”. Efesios 6:5 al 9; Colosenses 4:1.

En segundo lugar, Dios ha dado autoridad para juzgar a los jueces en los tribunales como personas desig­nadas para determinar la sentencia que corresponde a los rebeldes a las normas de buena conducta que rigen en la sociedad y que han perjudicado a su prójimo gravemente y se les debe castigar como consecuencia a sus malos actos para que los demás teman y no hagan lo malo, por lo cual, los jueces o autoridades judiciales están facultados por Dios para juzgar, siempre que sea necesario y de no haber autoridades en un país y todo el que quiera haga lo que le parezca en dónde estuviéra­mos, por eso el que delinque no puede decir a los jueces: “No juzguéis para que no seáis juzgados”. Romanos 13:1 al 5.

En tercer lugar, la sociedad organizada en nuestros países democráticos está facultada para juzgar cuando elige sus autoridades en las urnas electorales, y se toma en cuenta la conducta de los aspirantes a los diferentes cargos públicos y nadie que esté dando un mal ejemplo puede decirle al pueblo: “No juzguéis para no seáis juzgados!. 1ra. Samuel 8:1 al 5.

En cuarto lugar, también Dios ha dado autoridad a los pastores, mientras estén viviendo de acuerdo a las Sagradas Escrituras para poner en disciplina, para cor­regir, para amonestar, reprender, para organizar y poner orden en la congregación, donde el Señor le ha puesto, para que la iglesia no sea un desastre y ningún desobediente a la palabra de Dios, debería decir: “No juzguéis para que no seáis juzgados”. 1ra. Pedro 5:2 y 3; Hebreos 13:17; 2da. Tesalonisenses 3:6 al 15; Tito 1:5 al 8; Tito 2:1 al 15; Tito 3:10 y 11; 2da. Timoteo 4:1 al 4.

En quinto y último lugar, el padre de familia, al hijo que ama castiga y corrige y Dios ha mandado a los hijos a respetar a sus padres y de no hacerlo están en rebeldía y en pecado y por consiguiente los padres tienen autoridad dada por Dios para corregir a sus hijos. Proverbios 3:12; Exodo 20:12.

Mis queridos hermanos y amigos, el Señor Jesucristo hablando a sus seguidores, a sus díscipulos en Israel, como nos habla hoy a nosotros, desautorizó para juzgar o condenar lo malo o lo pecaminoso en una persona o discípulo, mientras no estemos dándoles el ejemplo cuando dijo: “No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados y con la medida con que medís, os será medido. ¿Por qué, miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿o cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la la paja de tu ojo y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano”, Mateo 7:1 al 5; En esto quiere decir el Señor que si no andamos recto, dando ejemplo no debemos corregir, amonestar, aconsejar, juzgar o condenar al que anda mal en cualquier área que sea, para que no nos callen la boca cuando también se defiendan acusán­donos por la vida que estemos llevando.

En este mismo orden, si vamos a juzgar tiene que ser con justo juicio, dándole a cada cuál lo que le corre­sponde, al que respeto, respeto; al que honrra, honrra; al que obediencia, obediencia; al que misericordia, misericordia; los que están facultados para castigar a sus hijos que lo hagan, los que están facultados para administrar la justicia, que lo hagan, los que están facultados para administrar sus empresas, que lo ha­gan, que juzguen, pero demos el ejemplo para que estemos juzgando justa y rectamente. Romanos 13:7; Juan 7:24.

Concluyendo, Dios juzgará un día toda nuestras ac­tuaciones luego que él nos ha dado sus leyes y al mismo tiempo ha dado el ejemplo y también el Señor ha prometido que a los que se guarden y vivan vidas de ejemplo cristiano, vidas santas y apartada del mal, les dará autoridad para juzgar por medio de su Palabra a las naciones y a regirlas en su gobierno y en su reino cuando lo establezca en esta tierra, luego que nos de un cuerpo inmortal de gloria semejante al suyo por haberle servido con fidelidad. Eclesiatés 12:14; 2da. Timoteo 4:1; Apocalipsis 2:26 y 27; Mateo 19:27 y 28.

Así que, ya sabemos qué quiso decir el Señor con la frase: “No juzguéis para que no seáis juzgados”, a quién se lo dijo y porqué lo dijo, pero el cristiano o discípulo que anda recto puede aconsejar, corregir, amonestar y enseñar la palabra de Dios y pobre de aquellos que para seguir el mal camino emplean erróneamente la frase del mismo Hijo de Dios: “No juzguéis para que no seáis juzgados”, cuando por su bien se les habla. Claro el que no quiera aceptar se respeta y se ora por ellos para que Dios de todas maneras les ayude.

Que el Señor les bendiga a todos…

Nota: De usted llegar a la convicción de Convertirse a Jesucristo dé los siguientes pasos importantes: Visite una iglesia evangélica, Bíblica o Pentecostal, hable con Dios en oración todos los días y lea dos o tres capítulos de la Biblia al día.

Autor: Miguel de J. Ramírez P.

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4 pensamientos en ““No juzguéis que no seáis juzgados”? Interesante tienes que leerlo

  1. si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espiritu de mansedumbre considerandote a ti mismo no sea que tu tambiem seas tentado. galata. 6:1

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  2. Pingback: Que le pasa a Apostol Rafael Ramirez?, ¿Se estará desviando del Camino de la Verdad? «

  3. La clave esta en el contexto: Mat 7:3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ; 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?

    Claramente la escritura no cita una enseñanza sobre la autoridad sino el ocuparse de si mismo y tener cuidado de como caminamos cada uno como creyente, guardando la palabra encarnada y practicar la piedad en vez de ocuparse de lo que hacen los demas.

    Cuando Cristo se refiere a juzgar mas bien esta diciendo como dice Pablo a la iglesia de corinto; 2Co 13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos….

    Como creyentes debemos madurar y practicar el cristianismo dia a dia. Joh 15:12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros,(A) como yo os he amado.

    El texto no sujiere discipla ni autoridad el texto sujiere tener un constante examen de nuestra practica cristiana.

    Bendiciones

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